Cryptosporidium sp
Cryptosporidium es un género de protozoos intracelulares, capaces de infectar y reproducirse en las células epiteliales del tracto digestivo o respiratorio de los vertebrados (peces, aves, reptiles y mamíferos). Se lo conoce como causal de enfermedad diarreica y puede producir enfermedad de las vías biliares y respiratorias.
Taxonomía
Reino: Protista
Filum: Apicomplexa (esporozoarios)
Orden: Eucoccidiorida
Suborden: Eimerinos
Familia: Cryptosporidiidae (un sólo género)
Género: Cryptosporidium
Especies: actualmente se considera que existen entre 10 y 15 especies, las más importantes son C. parvum, C. muris, C. baileyi, C. meleagridis, C. hominis, C. canis, C. felis, y C. cervine.
En 1976 se reportó los dos primeros casos de criptosporidiosis en humanos pero no tuvo incidencia relevante hasta la década del 80, cuando se lo asoció con severas diarreas en pacientes VIH / SIDA. Actualmente se considera un parásito emergente y marcador de SIDA.
Por muchos años se consideró como único agente etiológico de la infección humana a C.parvum, sin embargo el uso de herramientas moleculares, permitió reconocer otras especies patógenas para el hombre (C. hominis, C. canis, C. felis, C. meleagridis, C. muris y C. cervine). La especie más comúnmente identificada de criptosporidiosis humana es C. parvum (68% de los casos), pero la existencia de otras especies patógenas para el hombre determina que en el diagnóstico de laboratorio se deba informar Cryptosporidium sp salvo que se identifique con metodologías especiales la especie involucrada.
El ciclo de Cryptosporidium sp. es monoxeno. La ruta de transmisión es fecal-oral, persona-persona y animal-persona debido a la ingestión de agua o comida contaminada. La persona o animal parasitado elimina ooquistes al exterior con las heces y su ingestión por algún hospedador potencial origina infección. Cuando los ooquistes llegan al tracto gastrointestinal se liberan los esporozoitos. Este proceso de exquistación se produce por contacto con agentes reductores, generalmente sales biliares o enzimas digestivas, aunque puede producirse de forma espontánea y conducir al desarrollo de diferentes estadios intracelulares del parásito. Por cada ooquiste se liberan cuatro esporozoítos móviles, con forma de plátano, que invaden la pared del epitelio intestinal formando una vacuola parasitófora superficial con dos membranas provenientes del hospedero y otras dos provenientes del parásito (localización intracelular pero extracitoplasmática).
El esporozoito se diferencia a trofozoito. Los trofozoitos se multiplican asexualmente formando merontes Tipo I (6-8 núcleos) y merontes Tipo II (4 núcleos). El primero produce de 6 a 8 merozoitos y el segundo, sólo 4 merozoitos que invaden nuevas células epiteliales y se transforman en microgametos y macrogametos; Por multiplicación sexual se fusionan y se crea un cigoto. El cigoto esporula in situ (fase de esporulación endógena) y se origina el ooquiste con esporozoitos potencialmente infectivos. Los ooquistes son liberados vía heces.
El ciclo biológico se completa en un solo hospedero en dos días.
Los ooquistes están recubiertos de una pared gruesa que les confiere protección en el medio ambiente, pero un 20% de ellos presenta pared fina y, por lo tanto, exquistan endógenamente, originado un fenómeno de autoinfección. Los ooquistes del parásito se encuentran en heces de hombres de todos los continentes, a excepción de la Antártida. La infección se ha descrito en individuos de todas las edades (desde los 3 días de vida a los 95 años), sin distinción de sexo, y tanto en inmunocompetentes como inmunocomprometidos.
Manifestaciones clínicas y
Patología
Tras un periodo de incubación que oscila entre 5 y 28 días, el síntoma más frecuente es la diarrea, que puede ser de tipo colérico y en algunos casos con presencia de moco y grasas fecales. Otros síntomas son: dolor abdominal, calambres intestinales, vómitos, náuseas, fiebre ligera y astenia. Clínicamente no se distingue de otros padecimientos diarreicos y las manifestaciones de la criptosporidiosis intestinal están directamente relacionadas con el estado inmunológico del hospedero. En el individuo sin problemas inmunológicos ni deficiencias nutricionales (inmunocompetente) se presenta como una diarrea autolimitada, que en algunos casos puede ser de gran intensidad, y que generalmente dura de una a dos semanas, pero que se resuelve sin tratamiento específico. Todo lo contrario ocurre en individuos inmunocomprometido, que desarrollan una diarrea crónica que puede extenderse indefinidamente hasta la muerte debido al hecho de que hasta el momento se carece de una terapia totalmente satisfactoria. En los casos de inmunosupresión grave, el microorganismo invade el conducto biliar y produce fiebre, ictericia, dolor en hipocondrio derecho y vómito. En algunos casos los pacientes con SIDA padecen criptosporidiosis pulmonar, colecistitis alitiásica e incluso pancreatitis.
Se ha observado atrofia leve o moderada de las vellosidades intestinales, aumento del tamaño de las criptas e infiltrado inflamatorio de la lámina propia, con polimorfonucleares, linfocitos y células plasmáticas.
En un hospedero inmunologicamente normal los parásitos se
localizan generalmente sólo en el intestino delgado, pero en los
inmunocomprometidos puede haber diseminación por todo el aparato digestivo ,
desde esófago a recto, estómago, sistema hepatobiliar y árbol respiratorio.
Respuesta inmunitaria
Una variedad de mecanismos de defensa han sido implicados en la resistencia o susceptibilidad del hospedero a la infección por Cryptosporidium sp, en la modulación y erradicación de infecciones activas, así como en la adquisición de protección ante nuevas infecciones por este parásito. Paciente con deficiencias linfocitarias o de gammaglobulinas, congénitas o adquiridas, suelen presentar infecciones graves crónicas. Estos hechos sugieren que ambos mecanismos, celular y humoral de defensa están implicados en la resolución de la infección y en el desarrollo de la inmunidad. Otros factores inespecíficos como son la edad y el estado nutricional del hospedero han sido asociados con mayor susceptibilidad hacia la infección sintomática y la cronicidad.
En relación con la inmunidad humoral, se han detectado anticuerpos específicos Ig G, Ig M, Ig A e incluso Ig E en suero de fase aguda o convaleciente de pacientes con infección confirmada. Usualmente los anticuerpos aparecen entre 8 y 15 días después de la infección y persisten por varios meses. También se han detectado inmunoglobulinas locales y del tipo secretorio que incluyen la presencia de IgA en secreción duodenal de los pacientes.
Control
Los procesos convencionales de tratamiento de agua potable no eliminan los ooquistes ni los retienen en sus filtros. Los desinfectantes químicos comunes, como cloro, no tienen efecto microbicida alguno sobre el ooquiste. Es importante mencionar que los ooquistes pueden atravesar los filtros de membrana y contaminar el agua a potabilizar por su diminuto tamaño y su estructura elástica que les permite doblarse. El formol 10% es el único de los reactivos de laboratorio que elimina la viabilidad de los ooquistes después de 18 horas de contacto.
Diagnóstico
Los primeros casos de criptosporidiosis se diagnosticaron mediante la detección de los estadios endógenos del parásito en cortes histológicos de intestino obtenidos por biopsia o necropsia, teñidos con hematoxilina-eosina, Giemsa o Azur II donde se ven como estructuras esféricas hacia la luz intestinal, en el ribete en cepillo de las células epiteliales, localización que no tienen otros coccidios.
Actualmente se realiza el diagnóstico no invasivo por búsqueda de ooquistes en heces. Los ooquistes son elementos redondeados, infectantes, que tienen en su interior 4 esporozoítos desnudos o sea sin pared celular (tamaño del ooquiste de 3 a 7µ). Debido a la naturaleza ácido-resistente de los ooquistes estas coloraciones son las de elección, porque permiten la diferenciación de las levaduras de forma y tamaño similar.
El diagnóstico se basa en la búsqueda de ooquistes en heces, sondaje duodenal, esputo, lavado bronquial o bilis según el caso. Las muestras pueden ser remitidas al laboratorio frescas o preservadas en formol al 10%, o en SAF. Si son frescas es conveniente colocarlas en formol 10% de 18 a 24 horas para destruir la viabilidad de los ooquistes. Como en otras infecciones parasitarias, la eliminación de los ooquistes puede ser intermitente o muy baja en infecciones subclínicas, por lo que se recomienda una recolección seriada para minimizar el número de falsos negativos
El método de preferencia consiste en concentrar los microorganismos en muestras de heces por el método de Ritchie (sedimentación) y aplicar en el sedimento alguna coloración ácido resistente como Safranina, Ziehl Neelsen modificado, Kinyoun u otra.
Ante la posibilidad de ooquistes atípicos, o sea aquellos que tienen deficiencias en las paredes y no se tiñen con los colorantes primarios, es muy útil y sensible el método de flotación de Sheather.
Hay métodos para la detección de ooquistes por fluorescencia directa ( auramina; auramina-rhodamina; fenol auramina); técnicas combinadas de flotación y microscopia de contraste de fase; Inmunofluorescencia con anticuerpos monoclonales conjugados con fluoresceína; técnicas rápidas de inmunoanálisis enzimático (ELISA); La reacción en cadena de la polimerasa (PCR) caracterizada por su gran sensibilidad y especificidad (de gran utilidad para el diagnóstico y estudios taxonómicos, aunque su uso está restringido a algunos laboratorios)
Tanto en animales como en humanos, se han detectado anticuerpos en suero mediante técnicas de inmunofluorescencia indirecta (IFI) o ELISA. Debido a la persistencia de los anticuerpos en sangre, generalmente no se utilizan para diagnóstico pero sí para estudios epidemiológicos. En pacientes inmunocomprometidos podrían no detectarse anticuerpos.